Un golpe menos, un golpe más
Lo que no te mata te hace más hijo de puta.
Lo que no te mata te hace más hijo de puta.
Si hay algo que odié, odio y calculo que seguiré haciéndolo por un largo tiempo es la burocracia, tanto la del papeléo para cualquier trámite como la de cualquier acto de la vida de todos los días (llámese cotidiana).
Claro, tantas vueltas para algo que muchas veces se puede resolver en dos patadas. Decime para qué me piden que saque número en la casa donde hago imprimir las fotos si somos dos clientes y dos atendedores, no jodan. O ¿Por qué mi papel para darme de baja en la Facultad (que luego pediría que me readmita) tiene que ser sellado de oficina en oficina, demorándolo 3 siglos?
Y en la vida de todos los días, mi vieja iba a la casa de mi abuela cerca del mediodía a matear tarde, todo para ver que la inviten a quedarse a comer ya que no le gusta cocinar y quería comer pizzas que prepara mi abuela. ¿No era más directo decir que fue a que nos juntemos a comer?
Como que hay algo (uno más de un montón de algos) en el mundo que no entiendo o como que hay algo en mi que el mundo no entiende. O ambas. Muchas vueltas, muchas vueltas, cuando desde un principio ambas parten saben que quieren y el trámite se puede acelerar.
Y ayer, cuando consulté a mi amiga Claire porque ando queriendo (noten que esta última frase “ando quierendo” es burocrática vueltera, que fácil sería “quiero”) concretar algo con una flaca con la que hay algo de onda. Después de contarle mis demostraciones de amor por la susodicha me dice Claire: “Hacete el difícil”. Y a medida que yo procesaba esa frase en el marote y a mi mismo me preguntaba: “¿Para qué mierda me haría el difícil si lo que quiero es claro?” y le traduzco a mi cerebro que Claire me pide que me haga el burocrático. ¡Mierda! Ahora hacerme el vueltero cuando quiero ir a los bifes.
Y de ahí pensaba y pensaba qué gracia hay en eso de poner burocracia a la vida misma (?). Me acordé de lo que llega a ser el juego de la seducción, me acordé de lo que es insinuar más que mostrar (en analogía a ir a los bifes de una), y me acordé de algún texto que me decía que el camino de Ulises para llegar a donde tenía que llegar era más importante que llegar en sí. Entonces me preguntaba otra vez si era más importante llegar a los bifes o pasar por toda la previa que hace que llegue a tener sabor.
¿Quizá en vez de estar pensando en llegar no era mejor ir disfrutando la resolución de cada problema que se nos plantea en el camino? Entonces esas trabas que hacían de burocracia y me impedían llegar a los bifes de una empezaban a tener sentido. Como esa vez que compré una Playboy porque quería tener la mejor revista porno del mercado, pero era puro marketing y nunca me gustó que de un solo saque me muestre una mina en pelotas sin una previa, aprendí que insinuar e ir de a poco llegando al punto era lo que le daba algún sentido a ciertas cosas.
Y así que al final de este post mi postura cambia en cierto modo y se relativiza, pensando que cierta burocracia no viene mal en algunas ocasiones. Y cambio de opinión, para TVR que lo mira por TV. ¡Tomen putos!
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