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23 oct

Piazzolla

Hay un momento donde se aprende, pero más que aprender es algo que se nos ilumina de repente, como si antes hubiera estado ahí, al lado, pero en oscuridad. Cuando ese algo se nos ilumina de repente, casi siempre recordamos ese primer foco que puso luz donde antes no la había.

Yo cuando logré ver iluminado algo que antes no tenía en cuenta me pasó con la música instrumental. Hasta antes de eso casi siempre me manejé escuchando temas cantados por alguien (casi siempre en castellano), y al escuchar por segunda o tercer vez yo ya iba acompañando ese canto a medida que me aprendía la letra. ¿Y acaso lo que era sólo instrumental no existía? Tampoco busqué conocer sobre ese mundo.

Y así muy de casualidad un día que hablaba con mi amigo el Peti, le pregunté si él no tenía temas de Piazzolla y como que se le iluminaron los ojos creyendo que yo en cierto punto había evolucionado -o quizá a esta altura yo creo que fue así, pero no viene al caso la duda-. Y me habló del artista que era Astor Piazzollita, casi siempre coincidimos en gustos artísticos con el Peti y fuimos desviando la charla por el tango en general. Y esa tarde me terminó prestando un CD de Astor Piazzolla (La Suite Troileana) y otro de Adriana Varela.

Al llegar a mi casa busqué el tema Balada para un loco en el cd de Astor y nada, nada de nada. Todos los temas eran sólo de música y sin canto. Pero a medida que escuchaba los temas me iba acordando de las cosas que charlamos de Astor antes de que yo lo desvíe por otros artistas de tango que si conocía yo. El Peti me contaba de como Astor se animó a meter otros instrumentos al tango, como sonaba un bajo en algunos temas y cosas así que no cito porque pasaron unos años de esa vez y sería una cita a medias.

A medida que trataba de escuchar el bajo en los temas y decir “ahí suena un bajo” me fui metiendo más en el sonido del bandoneón y de como un tipo como Piazzolla lograba llevarlo con tal facilidad. Llevaba un ritmo, cambiaba de tiempos de un momento a otro sin que el tema al final deje de tener la fuerza del principio. Lo más fácil sería compararlo a la facilidad con que cambiaba de ritmo Maradona en la cancha y como saltaba rivales para hacer el mejor gol de todos los tiempos. Ese era Piazzolla un tipo que hacía música, y por ser tango no tenía porque ser igual a todo lo antes escuchado. Todo sin decir una palabra. ¿Para qué si los instrumentos puestos en el momento indicado te daban lo necesario?

Así fue que al menos en ese momento me olvidé que buscaba a Balada para un loco y el foco me iluminó temas como Zita, Escolaso y luego en otros cd’s un Invierno Porteño que en su minuto 5 y 32 segundos (dependiendo de la versión, segundos más segundos menos) me hacían sentir que todo lo que escuché antes en música no era arte.

//Off topic//: Piazzolla se escribe con doble Zeta como Pizza (Pitsa).